Si yo pudiera cambiar.

Si yo pudiera cambiar elegiría ser ese tipo de persona capaz de hacerse una infusión lentamente.
Coger las hojas naturales y escoger las mejores, macerarlas y disfrutar de su olor mientras lo hago. Preparar el agua, esperando pacientemente a que se caliente para mezclarlo todo. Dejar que se mezcle suavemente admirando su cambio de tonalidad, cómo va pasando de claro a oscuro.. Agarrar la taza casi quemándome y que ese calor me llene de placer. Aspirar su aroma antes de pasarlo a mi boca para saborearlo. Si yo pudiera cambiar, elegiría ser paciente, cerebral, racional, calmada.. verdad?
Pero creo que no quiero cambiar, que quiero seguir siendo bestialmente visceral. Que prefiero tener y disfrutar pasiones, llorar cuando algo me duele (a moco tendido) y reir fuerte, a carcajadas.
Y me acabo de dar cuenta de lo que no quiero. No quiero sobrevivir, quiero VIVIR! Aunque me queme con el té de bolsita por tomármelo demasiado deprisa..

Silencio.

El silencio es la ausencia de ruido. El silencio es no oir nada.
Ni sentir.
Ni esperar.
Ni desear.

Es proferir gritos mudos. Intentar abrazar el infinito. Mirar ojos ciegos. Besar labios apretados.
Es querer refrescarme sin agua, respirar sin aire.
Dormir sin soñar.

El silencio es la oscuridad.
El vacío.
La nada.

El silencio es eso cuando tú no estás.

Eres. Sin más.

Dirás que todos son iguales pero no es verdad. Supondrás valores a quien no los tiene, a quien ni siquiera se ha planteado que pudieran existir. Pensabas que el color de los ojos o la medida del contorno de tu pecho o cintura serían los que marcaran la diferencia, pero estuviste equivocada. Sabías que no eras perfecta pero no dejabas de luchar para evitar la imperfección. Y dolía, dolía no ser lo que se esperaba .
Te preguntarás qué has hecho durante toda tu vida y llegarás siempre a la misma sangrante conclusión: No tomaste las riendas, solo te dejaste llevar por las personas equivocadas. Hiciste promesas de fortaleza sin saber que las podrías cumplir (lo cumpliste, has de reconocerlo, aunque el precio a pagar fuese alto). Delimitaste tu libertad y ensanchaste la de los «otros».
Pasaste a un segundo lugar tu satisfacción, y te convertiste en una «fuerte, inteligente, guapa, delgada» insatisfecha.
Decididamente tu vida había sido un fraude.
Pero no sospechaste siquiera, que una mirada podría tirar por tierra cualquier canon de belleza que haya podido empaparte hasta ese momento, que te convertiste en la más bella cuando te atreviste a quedar sin respiración al sentir esa mano acariciando tu cara y cuando sus labios rozaron los tuyos.
Y ahora qué? Ahora te levantas y te estiras. Ahora tus manos intentan coger las nubes sin despegar los pies del suelo. Ahora respiras, suspiras, bostezas, sueñas.. Ahora eres una mujer no tan inteligente, no tan fuerte, ni tan guapa ni delgada, pero ahora sabes que no hace falta.
Ahora sabes que son tus imperfecciones las que te hacen perfecta.
Y dime.. qué más se puede pedir?

Por si no lo sabías.

Te miro y hago como que no.
Te observo y te veo. Atento. Concentrado. Y analizo tus rasgos: Cómodos, serenos, cálidos y suaves.
Miro esas facciones que me apasionan. Esas que me dicen todo de ti sin decir nada.
Y cierro los ojos y sueño mi sueño. Y cuando los abro, los abro feliz porque sé que se ha cumplido. Porque te veo, atento, concentrado, dulce, sonriente..
Y me enamoro de ti otra vez.
Como cada día.