Mi Yo..

.. cobarde quiere ser el centro de atención. Ha visto que puede ser importante, que tiene poder y poco a poco va ocupando espacios que no son suyos. Seduce con sus palabras calmadas intentando hacer ver que es mejor no precipitarse, no arriesgarse, que todo está bien como está, que no se debería intentar cambiar nada. Se ha convertido en un gran orador y mis otros YO en sus alumnos fieles. Casi todos. YoTemeraria hace muecas y no está muy de acuerdo con lo que dice. Ella es la más imprudente, la loca, la viva, la que disfruta y cree que YoCobarde debería hacerse a un lado y dejarle hacer su trabajo. Que ya está bien de sentirse atada, extenuada casi de tanto vocear palabras que ya no se escuchan. Qué había pasado exactamente? Por qué se había dado un giro de 180º en una relación que parecía tan feliz? Quería acabar con YoCobarde, poder volver a ocupar su lugar, ese del que nunca debió ser desterrada.. pero en el fondo sabía que no son nada la una sin la otra. Que mis Yo’s son todos uno, en la misma habitación pero en distintos sillones. Debatiendo, hablando, peleándose. Queriendo dar sus razones e intentando atemorizar al que se opone. Y que el único que al final gana es el que está sentado en el diván, fumando como si nada, escuchando sin hablar, sopesando opiniones, mirando con gesto ausente, a veces amable y otras directo y autoritario. Es mi Yo que más amo. Mi YoSoñador. El que no piensa, el que no maquina. Y con el que paseo cada noche antes de cerrar los ojos y sigo paseando cuando los abro..

http://depravadamentedelicioso.blogspot.com.es/2012/03/mi-yo.html 2012

Lo había soñado muchas veces.

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Las alturas me dan un miedo tremendo.
Sí, tengo vértigo. Pero vértigo del bueno, no del de segunda división. Vértigo de ese que te marea aunque solo estés subida al tercer peldaño de una escalera plegable (que eso para mí ya era una altura considerable).
Por eso odio mi sueño recurrente. Siempre es lo mismo: Caigo al vacío por un acantilado precioso, lleno de rocas y verdes árboles y al fondo siempre me espera el mar embravecido, llamándome. Y mientras caigo saboreo una extraña mezcla entre pánico y terror, pero también de fascinación por esa belleza extrema.
Así que nunca imaginé que cuando tuviera que hacerlo fuera de esa manera. Porque claro, tenía que hacerlo. Los últimos acontecimientos me empujaban inexorablemente a ello. Yo no era de piedra y yo no he venido a este mundo a sufrir. Los demás no sé, yo no. Mi corazón estaba demasiado cansado y mi alma del todo exhausta. Simplemente no podía más y no me apetecía seguir esforzándome. Se me acabaron las ganas de seguir teniendo ganas.. se me acabaron las ganas de vivir.
Aquella barandilla del mirador era perfecta. Y a pesar del miedo que me atenazaba y que contraía mi respiración decidí subirme a ella. Entre miradas de estupor de los excursionistas presentes (que tampoco hicieron nada por evitarlo) dejé mis pies colgando en el vacío y me llené los pulmones de aire, antes de empaparme del todo de esa belleza cruel.
Tenía unas vistas magníficas, preciosas, al igual que en mis sueños. Me armé de valor (porque hay que ser muy valiente para hacerlo) y lo hice, lo hice..
LLamadme egoísta si queréis, es verdad, no pensé en los que se quedaban. Me da igual, por una vez en mi vida pensé en mí como me aconsejaron, que ya me tocaba no pensar tanto en los demás.
Yo creo que hice bien en saltar… verdad?

Eres oro.

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Notas que decaes. Que no puedes más. Que estás ‘a esto’ de romperte.
Te faltan las fuerzas y te preguntas: Realmente.. para qué? Merece la pena tanto esfuerzo?

Y te contestas que no. Que no merece la pena.
Que jamás volverás a dejar entrever esa sensibilidad tuya, esa que te hace tan débil.

Y te secas las lágrimas que hace un rato eran de dolor para dejar paso a las que ahora son de rabia y decisión. Las lágrimas indignadas, las de cuando te das cuenta de que no te has querido nada y que has consentido demasiadas cosas. Que decididamente se acabó. Te prometes a ti misma que NUNCA MÁS se van a volver a reir de ti, y que a partir de este momento serás la mala de la película.
Y lloras para desahogarte. Te lavas la cara y más tranquila te miras al espejo.

La imagen que te devuelve te recordará que es mucha más la gente que te quiere, que no te defrauda y que te da más de lo que mereces. Y que, por supuesto que merece la pena.
Porque si nunca habías engañanado a nadie, por qué razón ibas engañarte a ti misma siendo lo que no eres?

La ductibilidad y la maleabilidad TAMBIÉN son propiedades del oro.

Qué eres tú si no?

Tú otra vez.

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Su risa era maravillosa. La más bella, limpia, contagiosa que había oído nunca. Cada rincón de casa se llenaba de música cuando ella reía. Ella era así, alegre, de ver la vida de la manera más fácil (y eso que fue una vida terrible, o a lo mejor, fue precisamente por eso).
Por muchos tropiezos que hubiese en el camino, siempre encontraba la forma de saltarlos de la forma más tranquila posible. Hasta las preocupaciones las convertía en cotidianidades sin importancia, que se solventarían tarde o temprano, pero que nos dolerían menos si sabíamos mirarlas de frente. “Mira lo que te preocupa de frente, a la cara”, me decía.. “el miedo solo lo tienes tú, a nadie le va a paralizar tu miedo, pero a ti sí, y dime, qué harás si eso pasa? Crees que va a venir alguien a salvarte? Cuídate solita, pero nunca dejes de reír y de ver la parte bonita de las cosas. Hará que todo sea mucho más fácil.”
Su risa ya no está, hace mucho que se fue pero aún así la busco en todas partes y siempre que río la encuentro.
Así que por eso intento quererme, por eso adoro a quién adoro, juego, decoro mi vida con momentos felices, la adorno de detalles bonitos, la pinto de ilusiones. Y me esfuerzo (a veces tengo que esforzarme mucho) en reírme.
Su risa cascabelera habita en mi corazón y sale cuando me siento feliz. Y no tengo ganas de volver a perderla.

El libro de la vida.

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“De repente dejó de discutir. No merecía la pena intentar convencer a alguien que en realidad ya no le importaba nada. Así era ella. Del amor al odio no había pasos. Del amor se pasaba a la indiferencia. Absoluta y total.
Esa triste, ruín, mezquina frase fue la que marcó el antes y el después. Esa maldita frase que le dijo desde el asco más vísceral fue la que acabó del todo con el poco cariño que le quedaba.
Dio la vuelta lentamente, dejando a un lado ese fuego que le caracterizaba, y se puso a colocar papeles guardados desde hacía mil años. Rompió todos aquellos recibos de la luz, del agua, del gas, aquellos que no costaba pagar porque la ilusión era la que les daba de comer (o eso pensaban). Fotos de los peques, notitas de amor. Deseos de buenos días y felicitaciones de cumpleaños. Todo estaba allí, en esa caja transparente de los chinos, ahora ya medio vacía.
‘Qué poco cuesta deshacerse de toda una vida’ pensó mientras tiraba a la basura la bolsa llena a rebosar de papeles y recuerdos ya inservibles […]”

Mirando al techo pensó que no le estaba quedando del todo mal ese relato. Que era una buena segunda parte para el libro de la vida, pero que a la tercera le pondría más pasión, más amor, más cariño y más ternura.

Pasó la página e ilusionada comenzó a escribir :

– Capítulo tercero.