Como cada vez.

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Apretó bien la cara contra el cristal y notó en su nariz ese calor que siente cuando se forma vaho. Limpió un poco con su mano y miró pasar los postes. Ese campo castellano manchego inmenso, frío, inhóspito. A lo lejos brillaba la luz de alguna casa y se adivinaba vida familiar. Una mamá preparando la cena, un papá y unos niños riendo y poniendo la mesa. Calor de hogar. O al menos eso imaginaba ella. Con un poco de envidia pensaba en las familias completas. Cariño, dulzura., amor y risas. Abrazos, besos, caricias y miradas en lo más profundo de los ojos.
Ahora iba al encuentro de todo eso. Lo echaba de menos. La echaba de menos. Demasiado tiempo de miradas frías en ese joven corazón cálido le estaba pasando factura. Ni el mayor de los cansancios consigue que se duerma bien si falta la mano que nos mece. Sus ojeras delataban esa falta de sueño. Pero dentro de un ratito dormiría bien, en sus brazos, otra vez. Aunque solo fuera por una noche, se recostaría en su pecho muy suavemente y se dejaría acunar. Otra vez. Como cada vez.
“Tren con destino Cádiz va a efectuar parada. Fin de trayecto.”

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