Abrazar.

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Mirar a tu alrededor. Saber que hay cosas que han cambiado, que cambiarán, que seguirán cambiando. Ser consciente de que la vida es solo cuestión de tiempos verbales. Pasados, presentes, futuros como pelotas manejadas hábilmente por un loco malabarista.
Saber construir muros pero tener también las herramientas necesarias para derribarlos cuando es necesario. Tener el valor para obviar, olvidar, perdonar, desechar, renunciar, pero nunca abandonar. El abandono es un acto de cobardía cruel. No se abandona a quién alguna vez se quiso, pero sí se deja ir. Sí se aparta. Se aparta lo que no te hace feliz. Lo que te amarga, lo que no permite que disfrutes de las pequeñas cosas, esas que son esenciales y cruciales para crecer como persona.
Se aprende a dar la vuelta y a caminar hacia otro lado. Hay caminos convergentes que en algun momento se bifurcan. Caminar hacia aquello que tanto buscábamos y por fin encontramos, pero que por alguna razón (puto karma) no se encontró.. entonces. Pero sí ahora.
Abrir del todo los brazos. Prepararlos para abrazarte fuerte… Y no soltarte jamás.