Soledades.

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No había mayor soledad que la que sentía cuando volvía de estar amándolo.
Se miraba al espejo retrovisor de soslayo intentando no perder de vista la carretera. Y no le gustaba la imagen que le devolvía. Las inmensas ojeras le confirmaron que definitivamente no estaba pasando por el mejor día de su vida.. Ella, mujer orgullosa, autosuficiente, libre, independiente, fuerte, segura de sí misma, se dio cuenta de que quizás no lo había hecho todo tan bien como creía. Y pensaba, mientras conducía, que qué cruel es la carrera de la vida poniendo metas a quien no tiene las piernas lo suficientemente musculadas como para llegar a ellas sin rompérselas.
Su larga vida se le había hecho corta y aún no le había impregnado del suficiente coraje. Todavía le quedaba mucho por aprender, aunque se percató de que seguía teniendo capacidad para sorprenderse y eso le hacía sentir bien, joven. Y confusa.
Y desconcertada se dio cuenta de que no había mayor soledad que la que sentía cuando volvía de estar amándolo, sabiendo que él amaba a otra.

Cuidado con lo que deseas.

Cerraba los ojos e intentaba visualizarlo. Qué difícil le estaba resultando recordar su cara tal cual. Con absoluta incredulidad probaba una y otra vez, pero era imposible. No lo recordaba. Se evaporó. Sin más. Esa cara que un día amó tanto, esos ojos por los que un día suspiró, se convirtieron en un vago recuerdo en algún rincón de su mente. Buscó desesperada alguna foto. Sabía que en alguna parte debía haber alguna. Encendió su ordenador buscando por todas partes, carpetas, archivos.. todo, pero no encontró ninguna.. Caray! Empezó a recordar vagamente aquel día de muchas risas en el que le sacó alguna con el móvil. El móvil! Claro.. Pero tampoco había ninguna en el móvil. Imposible. Resultó imposible recordarlo tal como era, ni su risa, ni su cara, ni sus caricias, ni su aliento, ni su olor.
Ni su mirada desgarrada bañada en lágrimas cuando escuchó de sus labios esas cinco palabras: “No quiero verte nunca más!!”

Mil cosas.

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Besarte, acariciarte, darte mil cariños, abrazarte, rodearte de ternura, desnudarte con la mirada, mirarte, admirarte, tomarte de la mano, sentir mi escalofrío, sentir tu escalofrío, ‘escalofriarnos’ los dos.
Enjabonarnos, reírnos, luchar, extenuarnos, rendirnos uno en brazos del otro. Dormir con tus ojos en los míos.
Saber que estás, alargar mi mano, rozarte..
Amarte.

Abrazar.

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Mirar a tu alrededor. Saber que hay cosas que han cambiado, que cambiarán, que seguirán cambiando. Ser consciente de que la vida es solo cuestión de tiempos verbales. Pasados, presentes, futuros como pelotas manejadas hábilmente por un loco malabarista.
Saber construir muros pero tener también las herramientas necesarias para derribarlos cuando es necesario. Tener el valor para obviar, olvidar, perdonar, desechar, renunciar, pero nunca abandonar. El abandono es un acto de cobardía cruel. No se abandona a quién alguna vez se quiso, pero sí se deja ir. Sí se aparta. Se aparta lo que no te hace feliz. Lo que te amarga, lo que no permite que disfrutes de las pequeñas cosas, esas que son esenciales y cruciales para crecer como persona.
Se aprende a dar la vuelta y a caminar hacia otro lado. Hay caminos convergentes que en algun momento se bifurcan. Caminar hacia aquello que tanto buscábamos y por fin encontramos, pero que por alguna razón (puto karma) no se encontró.. entonces. Pero sí ahora.
Abrir del todo los brazos. Prepararlos para abrazarte fuerte… Y no soltarte jamás.

Y ahora qué?

Ahora es cuando me detengo. Ahora es cuando desacelero y paro en seco.
Ahora es cuando quiero empezar a ver mirando.
Quizás debí hacerlo hace tiempo, pero lo hago ahora. Y lo hago asumiendo que no es fácil aceptar que todo se podía haber hecho mejor.
Es complicado asumir los fracasos, pero resulta un poco menos doloroso cuando nos damos cuenta de que con ellos se ha aprendido algo importante: a detenerse.
Así que marcaré en el suelo imaginario una raya de tiza invisible y me diré: hasta aquí. Este es mi punto de inflexión. Esta es la meta de lo anterior pero también mi parrilla de salida. A partir de ahora aprenderé a mantener la boca cerrada. Respiraré antes de soltar por mi boca lo que pasa por mi cabeza. Intentaré minimizar los latidos acelerados de mi corazón. Seré sensata, ordenada, serena. Sabré callarme cuando mis impulsos me piden otra cosa. Dejaré de amar tanto y me convertiré en un ser pragmático y reflexivo. Sabré relativizarlo todo tan bien, que nunca más perderé el sueño ni mi autoestima. No me sentiré culpable más porque sabré medir cada uno de mis gestos para no hacer daño nunca más a quién quiero (tanto).
En definitiva. Ahora cruzaré la línea y me convertiré en otra persona.
Y puestos a cambiar, también seré más alta, más guapa y con los ojos más azules.
Pero me da que esto (al igual que lo anterior) va a ser imposible.
Y bien que lo siento..
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