Cosas sin importancia.

Una palabra sutilmente escogida en el momento justo. Ese abrazo que llega cuando no esperaba ni siquiera “un buenos días”.
Ese (tu) beso suave en mis labios . Tu mirada clara clavada en la mía. Sentirte (os) cerca cuando nos separan cientos de metros o incluso miles. Esa mano invisible y sin embargo fuerte que siento apretando la mía. Ese “ánimo que tú puedes”.
La cercanía de tu aliento en mi nuca. Que me llames princesa. Sentirme como si lo fuera.
Respirar hondo para que se inflen mis pulmones de aire fresco. El sol en la cara. La nieve en las manos. El agua del mar en mis pies. Cerrar los ojos después de un día agotador. Dormir.
Soñar, soñarte.
Todos esos mil millones de pequeños gestos que hacen emocionarme y que cada día se encargan de recordarme que la vida es maravillosa y que a pesar de esos momentos en los que el cosmos anda con el ceño fruncido y de mal humor, merece la pena vivirla.