Estrellas.

tumblr_lkvf9f8SBw1qdset7o1_500_large

En esas andaban cuando llegó la noche. Se rieron tanto, se lo estaban pasando tan bien que no se dieron cuenta de que el tiempo se les echó encima.. Era tarde, muy tarde. Y habría bronca, lo sabían.
Rápidamente se pusieron en pie sacudiéndose las cáscaras de pipas pegadas en sus vaqueros y en sus camisetas.
– Qué le vas a decir tú?
– No lo sé, que hemos perdido el autobús.
– Yo no puedo decir eso, sabes que no me deja coger el bus, sabes que no me deja alejarme del parque.
– Pues yo qué sé, tía.. Pero vámonos que si no ya verás.
El regreso a casa se hizo eterno. Intentaba encontrar excusas, excusas que fueran creíbles. Sabía que ya no colaría aquello de que el reloj se había parado. Tampoco podría decir que había tenido que acompañar a Isa a su casa, ni que le había entretenido la madre de Montse.
Se daba toda la prisa que podía aunque ya daba igual. Total, ya llegaría tarde. Cada vez se agitaba más y más su respiración. Llegaría tarde otra vez.. pero, qué importaba en realidad? Tampoco la pegaría, ni la echaría de casa. Pero le dolía tanto su desdén! Esos inmensos ojos verdes clavados en los suyos con esa mirada de decepción le hacía más daño que cualquier bofetada que le pudiera propinar.
Dejó de caminar y miró al cielo oscuro y nítido. Se tumbó en la hierba del parque y miró las estrellas.
Una a una, todas. No tenía ganas de volver y posiblemente no lo haría..

A la de tres.

Y ahora, querida mía, despertará usted de su letargo y será una persona que pensará primero en su bienestar… (A la de una, a la de dos, a la de…)
Cuando chasque los dedos, se dará usted cuenta de lo maravillosa que es y de lo estúpidos que son aquellos que no saben apreciarla.. (chask)
La miraré a los ojos y le haré saber que lo malo no es la soledad, que lo descorazonador es la soledad compartida..
Le tenderé la mano para que usted se agarre a ella y le pueda transmitir toda esa fuerza que usted me da solo por saber que existo..
Me acercaré suavemente para no asustarla. Acercaré su mano a mis labios y la besaré haciéndole ver que esa piel solo merece la más dulce de las dulzuras..
Y ahora, querida mía, a la de tres, me amará y deseará tanto como yo a usted..
A la de una, a la de dos.. a la de..

Anestesias.

Que te anestesien es fundamental si van a someterte a cualquier tipo de intervención quirúrgica. No queremos que nada nos duela. Nadie nos va a dar una medalla al aguante del dolor por eso usamos la anestesia, para pasar por ese trance rápido y velozmente con el sufrimiento justo. Ya tenemos bastantes sufrimientos en la vida como para también tener que padecer ese dolor físico.
Y el dolor mental? (Me pregunto hábilmente). No tenemos anestesias. O sí? Nos damos cuenta de que hay “cosas” con las que de repente ya no nos duele tanto lo que antes nos destrozaba. Que (de repente) somos unos tiraos pa’lante y le echamos valor para decir lo que hace falta a quien haga falta. Que nada nos puede doblegar y encima, tenemos el doble de fuerzas para poder sobrellevar cualquier cosa.. y lo mejor de todo: sin dolor! Que te da igual lo que te digan, que no te importa lo que te hagan, que la vida es una absoluta maravilla. Que sí, que el mundo da muchas vueltas a veces y que el suelo no se está quieto, pero quién quiere parar cuando todo empieza a rodar con el solo movimiento de una mano hacia la boca? Y es entonces, cuando ya no te duele NADA y cuando ya TODO empieza a darte igual. Cuando te das cuenta de que eres un/a cobarde porque no te estás anestesiando, si no que te estás escondiendo, porque no tienes el valor de mirar a los problemas a la cara, y no sabes que el vacío, que ese vacío que sientes constantemente, no te lo va a llenar lo que te llevas a la boca. Y que el SeñorCuelloLargo (Mr.Botella) ya no es tan divertido.
Y que si te fijas un poco y miras a tu alrededor, por fin ves en qué te has convertido:

12a

El Principito: El borracho
-¿Qué haces aquí? -preguntó al bebedor, a quien encontró instalado en silencio ante una colección de botellas vacías y una colección de botellas llenas.
-Bebo -respondió el bebedor, con aire lúgubre.
-¿Por qué bebes? -le preguntó el principito.
-Para olvidar -respondió el bebedor.
-¿Para olvidar qué? -inquirió el principito, que ya lo compadecía.
-Para olvidar que me da vergüenza -confesó el bebedor, bajando la cabeza.
-¿Vergüenza de qué? -se informó el principito, que deseaba socorrerlo.
-¡Vergüenza de beber! -concluyó el bebedor, encerrándose definitivamente en el silencio.